Paginas del Martin Fierro 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 -13 - 14 - 15 - 16 - 17 - 18 -19 - 20 -21 - 22 -23 - 24

651

Nueva pena sintió el pecho
Por Cruz, en aquel paraje,
Y en humilde vasallaje
A la Majestá infinita,
Besé esta tierra bendita,
Que ya no pisa el salvaje.

 


 

652

Al fin la misericordia
De Dios nos quiso amparar;
Es preciso soportar
Los trabajos con constancia:
Alcanzamos a una estancia
Después de tanto penar.

 


 

653

Ah¡ mesmo me despedí
De mi infeliz compañera:
"Me voy", le dije,"ande quiera,
Aunque me agarre el Gobierno,
Pues, infierno por infierno
Prefiero el de la frontera."

 


 

654

Concluyo esta relación,
Ya no puedo continuar;
Permítanmé descansar:
Estan mis hijos presentes,
Y yo ansioso porque cuenten
Lo que tengan que contar.

VI


525

 

 

XI

655

Y mientras que tomo un trago
Pa refrescar el garguero,
Y mientras tiempla el muchacho
Y prepara su estrumento,
Les contaré de qué modo
Tuvo lugar el encuentro.
Me acerqué a algunas estancias
Por saber algo de cierto,
Creyendo que en tantos años
Esto se hubiera compuesto;
Pero cuanto saqué en limpio
Jué que estábamos lo mesmo.
Ansí, me dejaba andar
Haciéndome el chancho rengo,
Porque no me convenía
Revolver el avispero;
Pues no inorarán ustedes
Que en cuentas con el Gobierno
Tarde o temprano lo llaman
Al pobre a hacer el arreglo.
Pero al fin tuve la suerte
De hallar un amigo viejo
que de todo me informó,
Y por él supe al momento
Que el Juez que me perseguía
Hacía tiempo que era muerto:
Por culpa suya he pasado
Diez años de sufrimiento
Y no son pocos diez años
Para quien ya llega a viejo.
Y los he pasado ansí,
Si en mi cuenta no me yerro:
Tres años en la frontera,
Dos como gaucho matrero,
Y cinco allá entre los indios
Hacen los diez como yo cuento.
Me dijo, a más, ese amigo
Que anduviera sin recelo,
Que todo estaba tranquilo,
Que no perseguía el Gobierno,
Que ya naides se acordaba
De la muerte del moreno,
Aunque si yo lo maté
Mucha culpa tuvo el negro.
Estuve un poco imprudente,
Puede ser, yo lo confieso,
Pero el me precipitó,
Porque me cortó primero,
Y a más me cortó la cara,
Que es un asunto muy serio.
Me asiguró el mesmo amigo
Que ya no había ni el recuerdo
De aquel que en la pulpería
Lo dejé mostrando el sebo.
El de engreido, me buscó:
Yo ninguna culpa tengo;
El mismo vino a peliarme,
Y tal vez me hubiera muerto
Si le tengo más confianza
O soy un poco más lerdo.
Fue suya toda la culpa
Porque ocasionó el suceso.
Que ya no hablaban tampoco,
Me lo dijo muy de cierto,
De cuando con la partida
Llegué a tener el encuentro.
Esa vez me defendí
Como estaba en mi derecho,
Porque fueron a prenderme
De noche y en campo abierto:
Se me acercaron con armas,
Y, sin darme voz de preso,
Me amenazaron a gritos
De un modo que daba miedo,
Que iban a arreglar mis cuentas,
Tratándome de matrero:
Y no era el jefe el que hablaba
Sino un cualquiera de entre ellos,
Y ése, me parece a mí
No es modo de hacer arreglos,
Ni con el que es inocente,
Ni con el culpable menos.
Con semejantes noticias
Yo me puse muy contento
Y me presenté ande quiera
Como otros pueden hacerlo.
De mis hijos he encontrado
Sólo a dos hasta el momento,
Y de ese encuentro feliz
Le doy las gracias al Cielo.
A todos cuantos hablaba
Les preguntaba por ellos,
Mas no me da ninguno
Razón de su paradero.
Casualmente, el otro día
Llegó a mi conocimiento
De una carrera muy grande
Entre varios estancieros,
Y juí como uno de tantos,
Aunque no llevaba un medio.
No faltaban, ya se entiende,
En aquel gauchaje inmenso,
Muchos que ya conocían
La historia de Martín Fierro;
Y allí estaban los muchachos
Cuidando unos parejeros.
Cuando me oyeron nombrar
Se vinieron al momento,
Diciéndome quiénes eran
Aunque no me conocieron,
Porque venía muy aindiao
Y me encontraban muy viejo.
La junción de los abrazos
De los llantos y los besos
Se deja pa las mujeres,
Como que entienden el juego.
Pero el hombre, que compriende
Que todos hacen lo mesmo,
En público canta y baila,
Abraza y llora en secreto.
Lo único que me han contado
Es que mi mujer a muerto;
Que en procuras de un muchacho
Se jue la infeliz al pueblo,
Donde infinitas miserias
Habrá sufrido, por cierto;
Que, por fin, a un hospital
Jué a parar medio muriendo,
Y en ese abismo de males
Falleció al muy poco tiempo.
Les juro que de esa pérdida
Jamás he de hallar consuelo,
Muchas lágrimas me cuesta
Dende que supe el suceso.
Mas dejemos cosas tristes
Aunque alegrías no tengo;
Me parece que el muchacho
Ha templao y está dispuesto
Vamos a ver qué tal lo hace
Y a juzgar su desempeño.
Ustedes no lo conocen
Yo tengo confianza en ellos,
No porque lleven mi sangre
-Eso juera de lo menos-,
Sino porque dende chicos
Han vivido padeciendo.
Los dos son aficionados;
Les gusta jugar con juego,
Vamos a verlos correr:
Son cojos... hijos de rengo.

 


 


EL HIJO MAYOR DE MARTIN FIERRO

XII

LA PENITENCIARIA


656

Aunque el gajo se parece
Al árbol de donde sale,
Solía decirlo mi madre,
Y en su razón estoy fijo:
"Jamás puede hablar el hijo
Con la autoridad del padre".

 


 

657

Recordarán que quedamos
Sin tener donde abrigarnos,
Ni ramada ande ganarnos,
Ni rincón ande meternos,
Ni camisa que ponernos.
Ni poncho con que taparnos.

 


 

658

Dichoso aquel que no sabe
Lo que es vivir sin amparo;
Yo con verdá les declaro,
Aunque es por demás sabido,
Dende chiquito he vivido
En el mayor desmparo.

 


 

659

No le mermam el rigor
Los mesmos que le socorren;
tal vez porque no se borren
Los decretos del destino,
De todas parten lo corren
Como ternero dañino.

 


 

660

Y vive como los bichos
Buscando alguna rendija;
El güerfano es sabandija
Que no encuentra compasión,
Y el que anda sin dirección
Es guitarra sin clavija.

 


 

661

Sentiré que cuanto digo
A algún oyente le cuadre.
Ni casa tenía, ni madre,
Ni parentela, ni hermanos;
Y todos limpian sus manos
En el que vive sin padre.

 


 

662

Lo cruza éste de un lazazo
Lo abomba aquél de un moquete,
Otro le busca el cachete,
Y, entre tanto soportar,
Suele a veces no encontrar
Ni quien le arroje un zoquete

 


 

663

Si lo recogen, lo tratan
Con la mayor rigidez;
Piensan que es mucho tal vez,
Cuando ya muestra el pellejo,
Si le dan un trapo viejo
Pa cubrir su desnudez.

 


 

664

Me crié, pues, como les digo,
Desnudo a veces y hambriento;
Me ganaba mi sustento,
Y ansí los años pasaban;
Al ser hombre me esperaban
Otra clase de tormentos.

 


 

665

Pido a todos que no olviden
Lo que les voy a decir;
En la escuela del sufrir
He tomado mis leciones,
Y hecho muchas reflesiones
Dende que empece a vivir.

 


 

666

Si alguna falta cometo
La motiva mi inorancia;
No vengo con arrogancia
Y les diré, en conclusión,
Que trabajando de pión
Me encontraba en una estancia.

 


 

667

El que manda siempre puede
Hacerle al pobre un calvario;
A un vecino propietario
Un boyero le mataron,
Y aunque a mí me lo achacaron
Salió cierto en el sumario.

 


 

668

Piensen los hombres honrados
En la vergüenza y la pena
De que tendría el alma llena
Al verme, ya tan temprano,
Igual a los que sus manos
Con el crimen envenenan.

 


 

669

Declararon otros dos
Sobre el caso del dijunto,
Mas no se aclaró el asunto,
Y el Juez, por darlas de listo,
"Amarrados como un Cristo",
Nos dijo, "irán todos juntos".

 


 

670

"A la justicia ordinaria
Voy a mandar a los tres."
Tenia razón aquel Juez,
Y cuantos ansí amenacen;
Ordinaria... es como la hacen:
Lo he conocido después.

 


 

671

Nos remitió, como digo,
A esa Justicia Ordinaria,
Y juimos con la sumaria
A esa cárcel de malevos
Que, por un bautismo nuevo,
Le llaman Penicentiaria.

 


 

672

El porqué tiene ese nombre
Naides me lo dijo a mí,
Mas yo me lo esplico ansí:
Le diran Penitenciaria
Por la penitencia diaria,
Que se sufre estando allí.

 


 

673

Criollo que cai en desgracia
Tiene que sufrir un poco;
Naides lo ampara tampoco
Si no cuenta con recursos.
El gringo es de más discurso:
Cuando mata, se hace el loco.

 


 

674

No sé el tiempo que corrió
En aquella sepoltura;
Si de ajuera no lo apuran,
El asunto va con pausa;
Tienen la presa sigura
Y dejan dormir la causa.

 


 

675

Inora el preso a que lado
Se inclinará la balanza,
Pero es tanta la tardanza
Que yo les digo por mí:
El hombre que dentre allí
Deje ajuera la esperanza.

 


 

676

Sin perfecionar las leyes
Perfecionan el rigor;
Sospecho que el inventor
Habrá sido algún maldito:
Por grande que sea un delito,
Aquella pena es mayor.

 


 

677

Eso es para quebrantar
El corazón mas altivo;
Los llaveros son pasivos,
Pero más secos y duros
Tal vez que los mesmos muros
En que uno gime cautivo.

 


 

678

No es en grillo ni en cadenas
En lo que usté penará,
Sino en una soledá
Y un silencio tan projundo,
Que parece que en el mundo
Es el único que está.

 


 

679

El más altivo varón
Y de cormillo gastao
Allí se verá agobiao
Y su corazón marchito,
Al encontrarse encerrao
A solas con su delito.

 


 

680

En esa cárcel no hay toros,
Allí todos son corderos;
No puede el más altanero,
Al verse entre aquellas rejas,
Sino amujar las orejas
Y sufrir callao su encierro.

 


 

681

Y digo a cuantos inoran
El rigor de aquellas penas,
Yo, que sufrí las cadenas
Del destino y su inclemencia:
Que aprovechen la esperencia
Del mal en cabeza ajena.

 


 

682

!Ay! madres, las que dirigen
Al hijo de sus entrañas,
No piensen que las engaña,
Ni que les habla un falsario
Lo que es el ser presidiario
No lo sabe la campaña.

 


 

683

Hijas, esposas, hermanas,
Cuantas quieren a un varón,
Díganles que esa prisión
Es un infierno temido,
Donde no se oye más ruido
Que el latir del corazón.

 


 

684

Alla el día no tiene sol,
La noche no tiene estrellas;
Sin que le valgan querellas
Encerrao lo purifican,
Y sus lágrimas salpican
En las paredes aquellas.

 


 

685

En soledá tan terrible
De su pecho oye el latido;
Lo sé, porque lo he sufrido,
Y, creameló el aulitorio,
Tal vez en el purgatorio
Las almas hagan más ruido.

 


 

686

Cuentan esas horas eternas
Para más atormentarse;
Su lágrima al redamarse
Calcula, en sus afliciones,
Contando sus pulsaciones,
Lo que dilata en secarse.

 


 

687

Allí se amansa el más bravo,
Allí se duebla el más juerte;
El silencio es de tal suerte
Que, cuando llegue a venir,
Hasta se le han de sentir
Las pisadas a la muerte.

 


 

688

Adentro mesmo del hombre
Se hace una revolución:
Metido en esa prisión,
De tanto no mirar nada,
Le nace y queda grabada
La idea de la perfección.

 


 

689

En mi madre, en mis hermanos,
En todos pensaba yo;
Al hombre que alli dentró
De memoria más ingrata,
Fielmente se le retrata
Todo cuanto ajuera vió.

 


 

690

Aquel que ha vivido libre
De cruzar por donde quiera,
Se aflige y se desespera
De encontrarse allí cautivo:
Es un tormento muy vivo
Que abate la alma más fiera.

 


 

691

En esa estrecha prisión,
Sin poderme conformar,
No cesaba de esclamar:
!Qué diera yo por tener
Un caballo en que montar
Y una pampa en que correr!

 


 

692

En un lamento constante
Se encuentra siempre embretao;
El castigo han inventao
De encerrarlo en las tinieblas,
Y alli esta como amarrao
A un fierro que no se duebla.

 


 

693

No hay un pensamiento triste
Que al preso no lo atormente;
Baja un dolor permanente
Agacha al fin la cabeza,
Porque siempre es la tristeza
Hermana de un mal presente.

 


 

694

Vierten lágrimas sus ojos,
Pero su pena no alivia;
En esa constante lidia
Sin un momento de calma,
Contempla con los del alma
Felicidades que envidia.

 


 

695

Ningún consuelo penetra
Detrás de aquellas murallas;
El varón de mas agallas,
Aunque más duro que un perno,
Metido en aquel infierno
Sufre, gime, llora y calla.

 


 

696

De juror el corazón
Se le quiere reventar,
Pero no hay sino aguantar
Aunque sosiego no alcance.
!Dichoso, en tan duro trance,
Aquel que sabe rezar!

 


 

697

!Dirige a Dios su plegaria
El que sabe una oración!
En esa tribulación
Gime olvidado del mundo,
Y el dolor es más projundo
Cuando no halla compasión.

 


 

698

En tan crueles pesadumbres,
En tan duro padecer,
Empezaba a encanecer
Después de muy pocos meses;
Alli lamenté mil veces
No haber aprendido a leer.

 


 

699

Viene primero el juror,
Después la melancolia;
En mi angustia no tenía
Otro alivio ni consuelo,
Sino regar aquel suelo
Con lágrimas noche y día.

 


 

700

!A visitar otros presos
Sus familias solían ir!
Naides me visitó a mí
Mientras estuve encerrado.
!Quien iba a costiarse allí
A ver a un desamparado!

Paginas del Martin Fierro 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 -13 - 14 - 15 - 16 - 17 - 18 -19 - 20 -21 - 22 -23 - 24