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501

Vuelven locos de contento
Cuando han venido a la fija;
Antes que ninguno elija
Empiezan con todo empeño,
Como dijo un santiagueño,
A hacerse la repartija.

 


 

502

Se reparten el botín
Con igualdad, sin malicia;
No muestra el indio codicia,
Ninguna falta comete:
Solo en eso se somete
A una regla de justicia.

 


 

503

Y cada cual con lo suyo
A sus toldos enderieza;
Luego la matanza empieza
Tan sin razon ni motivo,
Que no queda animal vivo
De esos miles de cabezas.

 


 

504

Y satisfecho el salvaje
De que su oficio ha cumplido,
Lo pasa por ahi tendido
Volviendo a su haraganiar,
Y entra la china a cueriar
Con un afán desmedido.

 


 

505

A veces a tierra adentro
Algunas puntas se llevan;
Pero hay pocos que se atrevan
A hacer esas incursiones,
Porque otros indios ladrones
Les suelen pelar la breva.

 


 

506

Pero pienso que los pampas
Deben de ser los mas rudos;
Aunque andan medio desnudos
Ni su conveniencia entienden:
Por una vaca que venden
Quinientas matan al ñudo.

 


 

507

Estas cosas y otras piores
Las he visto muchos años;
Pero si yo no me engaño
Concluyó ese vandalaje,
Y esos bárbaros salvajes
No podran hacer mas daño.

 


 

508

Las tribus están deshechas;
Los caciques más altivos
Estan muertos o cautivos,
Privaos de toda esperanza,
Y de la chusma y de la lanza,
Ya muy pocos quedan vivos.

 


 

509

Son salvajes por completo
Hasta pa su diversión,
Pues hacen una junción
Que naides se la imagina;
Recien le toca a la china
El hacer su papelón.

 


 

510

Cuando el hombre es mas salvaje
Trata pior a la mujer:
Yo no sé que pueda haber
Sin ella dicha ni goce.
!Feliz el que la conoce
Y logra hacerse querer!

 


 

511

Todo el que entiende la vida
Busca a su lao los placeres;
Justo es que las considere
El hombre de corazón;
Sólo los cobardes son
Valientes con sus mujeres.

 


 

512

Pa servir a un desgraciao
Pronta la mujer está;
Cuando en su camino va
No hay peligro que le asuste;
Ni hay una a quien no le guste
Una obra de caridá.

 


 

513

No se allará una mujer
A la que esto no le cuadre;
Yo alabo al Eterno Padre,
No porque las hizo bellas,
Sino porque a todas ellas
Les dió corazón de madre.

 


 

514

Es piadosa y diligente
Y sufrida en los trabajos;
Tal vez su valor rebajo
Aunque la estimo bastante;
Mas los indios inorantes
La trata al estropajo.

 


 

515

Echan la alma trabajando
Bajo el mas duro rigor;
El marido es su señor,
Como tirano la manda,
Porque el indio no se ablanda
Ni siquiera en el amor.

 


 

516

No tiene cariño a naides
Ni sabe lo que es amar.
?Ni que se puede esperar
De aquellos pechos de bronce?
Yo los conocí al llegar
Y los calé dende entonces.

 


 

517

Mientras tiene qué comer
Permanece sosegao;
Yo que en sus toldos he estao
Y sus costumbres oservo,
Digo que es como aquel cuervo
Que no volvio del mandao.

 


 

518

Es para él como un juguete
Escupir un crucifijo;
Pienso que Dios los maldijo
Y ansina al ñudo desato:
El indio, el cerdo y el gato
Redaman sangre del hijo.

 


 

519

Mas ya con cuentos de pampas
No ocuparé su atención;
Debo pedirles perdón,
Pues sin querer me distraje;
Por hablar de esos salvajees
Me olvidé de la junción.
..........................

 


 

520

Hacen un cerco de lanzas,
Los indios quedan ajuera;
Dentra la china ligera
Como yeguada en la trilla,
Y empieza allí la cuadrilla
A dar güeltas en la era.

 


 

521

A un lao están los caciques,
Capitanejos y el trompa
Tocando con toda pompa
Como un toque de fajina;
Adentro muere la china,
Sin que aquel circulo rompa.

 


 

522

Muchas veces se les oyen
A las pobres los quejidos;
Mas son lamentos perdidos:
Al rededor del cercao,
En el suelo están mamaos
Los indios dando alaridos.

 


 

523

Su canto es una palabra
Y de ahi no salen jamás;
Llevan todas el compás
"Ioká-ioká" repitiendo;
Me parece estarlas viendo
Mas fieras que Satanás.

 


 

524

Al trote dentro del cerco,
Sudando, hambrientas, juriosas,
Desgreñadas y rotosas,
De sol a sol se lo llevan:
Bailan aunque truene o llueva,
Cantando la mesma cosa.

 


 

 

 

El tiempo sigue su giro
Y nosotros, solitarios;
De los indios sanguinarios
No teníamos qué esperar;
El que nos salvó al llegar
Era el más hospitalario.

 


 

526

Mostró noble corazón,
Cristiano anhelaba ser;
La justicia es un deber,
Y sus méritos no callo:
Nos regaló unos caballos
Y a veces nos vino a ver.

 


 

527

A la voluntad de Dios
Ni con la intención resisto:
El nos salvó...!ah, Cristo!,
Muchas veces he deseado
No nos hubiera salvado
Ni jamás haberlo visto.

 


 

528

Quien recibe beneficios
Jamás los debe olvidar;
Y al que tiene que rodar
En su vida trabajosa,
Le pasan a veces cosas
Que son duras de pelar.

 


 

529

Voy dentrando poco a poco
En lo triste del pasaje;
Cuando es amargo el brebaje
El corazón no se alegra;
Dentró una virgüela negra
Que los diezmó

 


 

530

Al sentir tal mortandá
Los indios, desesperaos,
Gritaban alborotados:
"!Cristiano echando gualicho!"
No quedó en los toldos bicho
Que no salió redotao.

 


 

531

Sus remedios son secretos,
Los tienen las adivinan;
No los conocen las chinas
Sino alguna ya muy vieja,
Y es la que lo aconseja
Con mil embustes, la indina.

 


 

532

Alli soporta el paciente
Las terribles curaciones,
Pues a golpes y estrujones
Son los remedios aquellos:
Los agarran de los cabellos
Y le arrancan los mechones.

 


 

533

Les hacen mil herejías
Que el presenciarlas da horror;
Brama el indio de dolor
Por los tormentos que pasa,
Y untandolo todo de grasa
Lo ponen a hervir al sol.

 


 

534

Y puesto allí boca arriba,
Alrededor le hacen fuego;
Una china biene luego
Y al oido le da de gritos;
Hay algunos tan malditos
Que sanan con este juego.

 


 

535

A otros les cuecen la boca
Aunque de dolores cruja;
Lo agarran allí y lo estrujan,
Labios le queman y diente
Con un güevo bien caliente
De alguna gallina bruja.

 


 

536

Conoce el indio el peligro
Y pierde toda esperanza;
Si a escapárseles alcanza
Dispara como la liebre;
Le da delirios la fiebre,
Y ya le cain con la lanza.

 


 

537

Esas fiebres son terribles,
Y aunque de esto no disputo
Ni de saber me reputo,
"Será", decíamos nosotros,
"De tanta carne de potro
Como comen esos brutos".

 


 

538

Había un gringuito cautivo
Que siempre hablaba del barco,
Y lo augaron en un charco
Por causante de la peste;
Tenía los ojos celestes
Como potrillo zarco.

 


 

539

Que le dieran esa muerte
Dispuso una china vieja,
Y aunque se aflije y se queja,
Es inútil que resista:
Ponia el infeliz la vista
Como la pone la oveja.

 


 

540

Nosotros nos alejamos
Para no ver tanto estrago;
Cruz sentia los amagos
De la peste que reinaba,
Y la idea nos acosaba
De volver a nuestros pagos.

 


 

541

Pero contra el plan mejor
El destino se rebela.
!La sangre se me congela!
El que nos había salvado
Cayó tambien atacado
De la fiebre y la virgüela.

 


 

542

No podiamos dudar,
Al verlo en tal padecer,
El fin que habia de tener,
Y Cruz que era tan humano:
"Vamos", me dijo,"paisano
A cumplir con un deber".

 


 

543

Fuimos a estar a su lado
Para ayudarlo a curar;
Lo vinieron a buscar
Y hacerle como a los otros;
Lo defendimos nosotros,
No lo dejamos lanciar.

 


 

544

Iba creciendo la plaga
Y la mortandá seguía.
A su lado nos tenía
Cuiandolo con pacencia,
Pero acabó su esistencia
Al fin de unos pocos días.

 


 

545

El recuerdo me atormenta;
Se renueva mi pesar;
Me dan ganas de llorar;
Nada a mis penas igualo;
Cruz también cayó muy malo
Ya para no levantar.

 


 

546

Todos pueden figurarse
Cuánto tuve que sufrir;
Yo no haciá sino gemir,
Y aumentaba mi aflición
No saber una oración
Pa ayudarlo a bien morir.

 


 

547

Se le pasmó la virgüela,
Y el pobre estaba en un grito;
Me recomendó un hijito
Que en su pago había dejado:
"Ha quedado abandonado".
Me dijo, "aquel pobrecito".

 


 

548

"Si vuelve, búsquemeló",
Me repetía a media voz;
"En el mundo eramos dos,
Pues él ya no tiene madre;
Que sepa el fin de su padre
Y encomiende mi alma a Dios".

 


 

549

Lo apretaba contra el pecho,
Dominao por el dolor;
Era su pena mayor
El morir allá entre infieles
Sufriendo dolores crueles
Entrego su alma al Criador.

 


 

550

De rodillas a su lado
Yo lo encomendé a Jesús.
Faltó a mis ojos la luz,
Tuve un terrible desmayo;
Cai como herido del rayo
Cuando lo vi muerto a Cruz.

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